La relación que mantenemos con la comida es mucho más profunda que el simple acto de ingerir energía. A menudo, nos encontramos frente a la despensa sin entender realmente qué nos impulsa a buscar un bocado: ¿es una necesidad física, un recuerdo de la infancia o quizás el simple aroma del pan recién horneado?. En este viaje de autodescubrimiento, exploraremos cómo identificar las señales de nuestro cuerpo y la complejidad de nuestros antojos sensoriales.
Los 9 tipos de hambre: Aprende a identificarlos
Basado en las ciencias de la nutrición y el mindful eating, existen nueve formas en las que nuestro cuerpo y mente nos piden alimento. Identificarlas es el primer paso para una relación más consciente y equilibrada con lo que comemos:
Hambre de los ojos: Surge de la atracción visual por la comida, como un postre bien decorado.
Ejemplo: Sientes un deseo repentino de comer un pastel simplemente porque lo viste decorado en una vitrina.
Para satisfacerla, cuida la presentación y crea platos visualmente atractivos para satisfacer la vista desde el inicio.
Hambre de la nariz: Se despierta por los aromas, como el del pan recién hecho.
Ejemplo: El aroma del pan recién horneado que te invita a comer aunque no tengas hambre física.
Disfrútala deteniéndote a percibir los olores antes de empezar a comer.y disfruta plenamente de la experiencia sensorial.
Hambre de la boca: Es el deseo por sabores o texturas específicas, como algo que se derrite en el paladar.
Ejemplo: El antojo de un chocolate derritiéndose en la boca.
Se satisface comiendo con calma y atención plena, evitando distracciones como el celular o la televisión.
Hambre del tacto: La necesidad de sentir los alimentos con las manos, muy común al comer frutas o snacks.
Ejemplo: La costumbre y el placer de comer palomitas de maíz en el cine.
Reconoce esta necesidad y elige alimentos que permitan el contacto directo, como frutas o snacks que te gusten.
Hambre del oído: Relacionada con los sonidos al comer, especialmente el «crunch» de alimentos crujientes.
Ejemplo: El sonido «crunch» al morder un alimento crujiente como cacahuates o snacks similares.
Incorpora alimentos con texturas crujientes para enriquecer y completar tu experiencia al comer.
Hambre celular: es la necesidad fisiológica de nutrientes específicos que el cuerpo requiere.
Aprende a escuchar a tu cuerpo y mantén una alimentación equilibrada, idealmente con el acompañamiento de un profesional de la salud.
Hambre física: esta es el hambre física real, identificada por señales biológicas.
Responde a estas señales físicas y come hasta sentir saciedad, procurando no llegar al exceso.
Hambre de la mente: Influenciada por reglas, creencias o pensamientos sobre lo que «debemos» comer.
Ejemplo: Pensar «debo comer esto porque es nutritivo» aunque no tengas apetito.
Busca un equilibrio entre tu conocimiento nutricional y la conexión real con tu cuerpo para reducir la ansiedad al comer.
Hambre del corazón: Vinculada a emociones, recuerdos y afectos.
Ejemplo: Buscar consuelo en un platillo que te recuerda a tu infancia cuando te sientes triste o solo.
Atiende tus emociones y practica la atención plena, buscando también conexiones humanas reales más allá de la comida.
El camino hacia una alimentación consciente
Escuchar a tu cuerpo significa reconocer si ese antojo es una necesidad celular de energía o una búsqueda de consuelo para el corazón. Al integrar estos mundos, podemos elegir opciones que nos nutran de forma integral.
Una excelente manera de honrar estos diferentes tipos de hambre es preferir alimentos en su estado natural: tubérculos como la papa, el camote o la yuca, y cereales como la quinoa y el arroz. Estos ingredientes no solo satisfacen el hambre del estómago, sino que ofrecen texturas y sabores que alimentan todos nuestros sentidos de manera equilibrada.
Lina Rios
Ingeniera de Alimentos
Especialista en Nutrición Funcional y Salud Integrativa.
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